Alguien con dolor busca desde el sofá, encuentra tu clínica, rellena el formulario y se acuesta. Al día siguiente, recepción está con un paciente delante, el teléfono suena, hay tres altas que registrar y la llamada se devuelve a media tarde. Para entonces esa persona ya ha pedido cita en la clínica de la calle de al lado, que le respondió por WhatsApp a los diez minutos.
No falló la campaña. Falló lo que pasó después.
Es el punto donde se rompe casi toda la captación sanitaria, y es justo donde la mayoría de agencias dan su trabajo por terminado: entregan solicitudes, envían el informe con el coste por lead y el problema pasa a ser de la clínica. Pero una solicitud no es un paciente. Es alguien que ha levantado la mano y tiene un margen muy corto de tiempo antes de resolver su problema en otro sitio.
A eso se suma que en salud la competencia es de barrio. No compites con todo el país, compites con las cuatro consultas que hay a diez minutos andando. Quien contesta primero se lleva la cita.